lunes, 13 de marzo de 2017

            El gran cambio de  Eanda

Eanda, nació en la tribu de Los himba, al sur de África. Los himba viven al lado del río Kunene, también llamado “río de los elefantes”. Cuando era pequeña, Eanda, veía como su madre iba a buscar agua, hacía la leche cuajada y como construía la choza. En cambio, su padre sólo se encargaba del ganado. A Eanda esto no le parecía bien, pero decidió no decir nada por si acaso la castigaban.
Cuando Eanda ya tenía 10 años, un día, decidió ir a dar un paseo hasta el río. Cuando llego, vió a Kudu, su mejor amigo, sentado en una roca, tirando piedras al río. Eanda se sentó a su lado y estuvieron un rato hablando. Ella estaba nerviosa porque quería decirle algo a su amigo muy importante. Kudu le preguntó que qué le pasaba, y ella por fin se lo dijo. Lo que pasaba era que toda su vida había visto a las mujeres hacer el trabajo duro y a los hombres, el fácil y ya se había cansado. Kudu, al oír esto, no se sorprendió porque conocía bien a su amiga y sabía cómo era. Kudu tampoco le dijo que estaba loca, la apoyó y además quería ayudarla a cambiar las cosas; pero ahora podían hacer poco, sólo tenían 10 años y decidieron esperar a ser más mayores. Pasó mucho tiempo y Eanda y Kudu ya tenían 19 años. Ellos seguían con su plan, y decidieron hacerlo realidad. Fueron a ver al jefe de la tribu. Eanda le dijo que ella también quería cuidar al ganado como los hombres y Kudu que quería construir las cabañas e ir a buscar agua como las mujeres. El jefe de la tribu, al oír esto, decidió condenarlos a muerte dentro de una semana si no conseguían que toda la tribu estuviese de acuerdo, a las doce de la noche los mataría. Ellos aceptaron e intentaron convencer a la gente. Al principio solo una mujer y un hombre estuvieron de acuerdo, pero luego se les unieron más mujeres y hombres. El domingo, ya estaban todos convencidos, o eso creían Eanda y Kudu, pero era mentira, porque faltaba el hechicero de la tribu, Oryx, que era muy amigo del jefe de la tribu. Eran las onze y media de la noche y Eanda y Kudu intentaban convencer a Oryx, pero no había manera. Sólo faltaban dos minutos para la hora del sacrificio. Oryx no se dejaba convencer, pero en el último instante… ¡Dijo que sí! Eanda y Kudu estaban contentísimos. Desde aquel día, Eanda va con su padre a cuidar al ganado y también con otras mujeres y Kudu se queda en casa haciendo collares y pulseras para la tribu, y todos son mucho más felices.
 Sofía Pérez 5ºA  Colegio público Menéndez Pidal

                    MI TATARABUELA


Os voy a hablar de mi tatarabuela Ángeles
La familia de mi madre vivía en un pueblo cerca de Sevilla que se llamaba Carmona   .
Mi tatarabuela Ángeles hacia trajes de hombre, era modista. 
Un día por la mañana, mi bisabuela  Isabel había ido a visitara un familia ,a Sevilla. Mi tatarabuela estaba en una casa trabajando. De repente  hoyo  gritos en la calle, la gente decía que estaban bombardeando Sevilla, era la época de la guerra civil. Mi tatarabuela cogió un caballo y al galope fue a Sevilla  a buscar  a su hija   , mi tatarabuela.
Llego a Sevilla, había muchas casas derrumbadas por las bombas y dio muchas vueltas hasta que alguien le dijo que aquella  familia había huido hacia las montañas para salvarse.
Fue hacia allí con el caballo y la encontró sana y salva. No le había pasado nada la subió en el caballo y la llevo de vuelta a casa .Al llegar a Carmona  devolvió el caballo a su dueño y  le conto a su familia  gran historia que había vivido.

 Eduardo Pérez Prieto      5ºA   

        La historia de la mujer trabajadora

Erase una vez una chica que tenía tres hermanos, Roberto, Alberto y Eustaquio. Trabajaba y trabajaba día y noche, sus únicos descansos eran para comer y dormir.

No podía hacer lo que ella quería hacer. Lavaba los platos, hacia las camas, la comida limpiaba el suelo y cuando acababa se iba a dormir. Sus hermanos no hacían ninguna tarea y como eran huérfanos, la chica tenía que hacerlo todo sola sin ayuda. 

Un día se hartó y se fue de su casa. Empezó a acoger a todas las mujeres hartas de tal infierno en una casa en medio del bosque. 

Un día, la chica y todas las demás fueron a visitar a sus familias que las habían tratado mal. La chica encontró las paredes sucias, tartas por todo el techo, el frigorífico abierto con todos los alimentos tirados por toda la cocina, una barra de pan en la lavadora… hasta un mapache comiéndose una patata cruda. 

La mujer les ayudo a limpiar todos los estropicios. Los hermanos comprendieron que no hay que tener a la mujer como esclava, que eso es cosa del pasado, que los hombres también podemos ayudar en todas las tareas de casa y que no todas las mujeres pueden hacer más de dos cosas a la vez. 

Desde ese día, los hermanos y la chica se turnaron para hacer todas las tareas de casa. La chica hacia la comida, Alberto limpiaba, Roberto hacia las camas y Eustaquio… compraba la comida y los telares. 

Los hermanos no volvieron a tratar a la chica así nunca más. 

Remplazaron los jarrones rotos por un jarrón de la dinastía MING, las alfombras por un felpudo que ponía bienvenido, vendieron la casa y se compraron un piso en una ciudad y la chica encontró novio, era muy amable, simpático, gracioso y trataba a la chica mejor que a ese jarrón MING. Y también a los hermanos. 

Desde ese momento, los hermanos y la chica vivieron como los ángeles en su nuevo piso. 

Raúl Torre López  5ºA


















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