El gran cambio de Eanda
Eanda,
nació en la tribu de Los himba, al sur de África. Los himba viven al lado del
río Kunene, también llamado “río de los elefantes”. Cuando era pequeña, Eanda,
veía como su madre iba a buscar agua, hacía la leche cuajada y como construía
la choza. En cambio, su padre sólo se encargaba del ganado. A Eanda esto no le
parecía bien, pero decidió no decir nada por si acaso la castigaban.
Cuando
Eanda ya tenía 10 años, un día, decidió ir a dar un paseo hasta el río. Cuando
llego, vió a Kudu, su mejor amigo, sentado en una roca, tirando piedras al río.
Eanda se sentó a su lado y estuvieron un rato hablando. Ella estaba nerviosa
porque quería decirle algo a su amigo muy importante. Kudu le preguntó que qué
le pasaba, y ella por fin se lo dijo. Lo que pasaba era que toda su vida había
visto a las mujeres hacer el trabajo duro y a los hombres, el fácil y ya se
había cansado. Kudu, al oír esto, no se sorprendió porque conocía bien a su
amiga y sabía cómo era. Kudu tampoco le dijo que estaba loca, la apoyó y además
quería ayudarla a cambiar las cosas; pero ahora podían hacer poco, sólo tenían
10 años y decidieron esperar a ser más mayores. Pasó mucho tiempo y Eanda y
Kudu ya tenían 19 años. Ellos seguían con su plan, y decidieron hacerlo
realidad. Fueron a ver al jefe de la tribu. Eanda le dijo que ella también
quería cuidar al ganado como los hombres y Kudu que quería construir las
cabañas e ir a buscar agua como las mujeres. El jefe de la tribu, al oír esto,
decidió condenarlos a muerte dentro de una semana si no conseguían que toda la
tribu estuviese de acuerdo, a las doce de la noche los mataría. Ellos aceptaron
e intentaron convencer a la gente. Al principio solo una mujer y un hombre
estuvieron de acuerdo, pero luego se les unieron más mujeres y hombres. El
domingo, ya estaban todos convencidos, o eso creían Eanda y Kudu, pero era
mentira, porque faltaba el hechicero de la tribu, Oryx, que era muy amigo del
jefe de la tribu. Eran las onze y media de la noche y Eanda y Kudu intentaban
convencer a Oryx, pero no había manera. Sólo faltaban dos minutos para la hora
del sacrificio. Oryx no se dejaba convencer, pero en el último instante… ¡Dijo
que sí! Eanda y Kudu estaban contentísimos. Desde aquel día, Eanda va con su
padre a cuidar al ganado y también con otras mujeres y Kudu se queda en casa
haciendo collares y pulseras para la tribu, y todos son mucho más felices.
Sofía Pérez 5ºA Colegio público Menéndez Pidal
MI TATARABUELA
Os
voy a hablar de mi tatarabuela Ángeles
La
familia de mi madre vivía en un pueblo cerca de Sevilla que se llamaba Carmona .
Mi tatarabuela
Ángeles hacia trajes de hombre, era modista.
Un día por la mañana, mi
bisabuela Isabel había ido a visitara un
familia ,a Sevilla. Mi tatarabuela estaba en una casa trabajando. De repente hoyo
gritos en la calle, la gente decía que estaban bombardeando Sevilla, era
la época de la guerra civil. Mi tatarabuela cogió un caballo y al galope fue a
Sevilla a buscar a su hija , mi tatarabuela.
Llego
a Sevilla, había muchas casas derrumbadas por las bombas y dio muchas vueltas
hasta que alguien le dijo que aquella
familia había huido hacia las montañas para salvarse.
Fue
hacia allí con el caballo y la encontró sana y salva. No le había pasado nada
la subió en el caballo y la llevo de vuelta a casa .Al llegar a Carmona devolvió el caballo a su dueño y le conto a su familia gran historia que había vivido.
Eduardo Pérez Prieto 5ºA
La historia de la mujer trabajadora
Erase una vez una chica que tenía tres hermanos, Roberto, Alberto y Eustaquio. Trabajaba y trabajaba día y noche, sus únicos descansos eran para comer y dormir.
No podía hacer lo que ella quería hacer. Lavaba los platos, hacia las camas, la comida limpiaba el suelo y cuando acababa se iba a dormir. Sus hermanos no hacían ninguna tarea y como eran huérfanos, la chica tenía que hacerlo todo sola sin ayuda.
Un día se hartó y se fue de su casa. Empezó a acoger a todas las mujeres hartas de tal infierno en una casa en medio del bosque.
Un día, la chica y todas las demás fueron a visitar a sus familias que las habían tratado mal. La chica encontró las paredes sucias, tartas por todo el techo, el frigorífico abierto con todos los alimentos tirados por toda la cocina, una barra de pan en la lavadora… hasta un mapache comiéndose una patata cruda.
La mujer les ayudo a limpiar todos los estropicios. Los hermanos comprendieron que no hay que tener a la mujer como esclava, que eso es cosa del pasado, que los hombres también podemos ayudar en todas las tareas de casa y que no todas las mujeres pueden hacer más de dos cosas a la vez.
Desde ese día, los hermanos y la chica se turnaron para hacer todas las tareas de casa. La chica hacia la comida, Alberto limpiaba, Roberto hacia las camas y Eustaquio… compraba la comida y los telares.
Los hermanos no volvieron a tratar a la chica así nunca más.
Remplazaron los jarrones rotos por un jarrón de la dinastía MING, las alfombras por un felpudo que ponía bienvenido, vendieron la casa y se compraron un piso en una ciudad y la chica encontró novio, era muy amable, simpático, gracioso y trataba a la chica mejor que a ese jarrón MING. Y también a los hermanos.
Desde ese momento, los hermanos y la chica vivieron como los ángeles en su nuevo piso.
Raúl Torre López 5ºA
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